¿Sí o no?

Ese día, sábado, parecía como cualquier otro, en que planeas todo sin problema alguno, en que tienes tu tiempo y tus actividades perfectamente organizados para disfrutar de un fin de semana tranquilo, ordinario… hasta que empieza a suceder.

Primero, él, con su miedo a mostrarse vulnerable; con sus inseguridades, dudando en pleno almuerzo del amor. Muy válido. Muy él.
El ánimo bajó un poco, pero no pude reparar mucho en ello por una cita que tenía enseguida.

Después Nora, con quien coincidí por primera vez. Mujer inteligente, contenta con la vida; de esas personas de las que siempre hay que procurar rodearnos porque de alguna u otra manera te hacen ver la vida desde otra perspectiva. Te inyectan vida.
El ánimo subió de nuevo y entonces ahora yo, le cambié la jugada a mi fin de semana.

Sandra. Después de una rica comida y amena plática, necesitaba hacer lo que se hace en situaciones en que el mundo se te pone un poco de cabeza: hablar, analizar; hablar, pensar; hablar, escuchar, ser escuchada; hablar, desde adentro, desde lo profundo; hablar con Sandra, la amiga.

¿Sabes todo lo que se puede hablar en siete horas, dos botellas de vino, un café, un pan con mermelada y una donita bimbo? Sí. De ti, de aquello, de lo otro, de ti otra vez, de él, de nosotras, del pasado, del presente, del futuro. De la vida y de lo que hacemos en ella. De todo eso y un poco más. Pero lo que más recuerdo de esa larga y productiva charla, fue cuando caímos en la pregunta que Nora sacó a la plática en la comida y era la de responder con un simple sí o no a la pregunta que te pueden hacer cuando te mueras: ¿Fuiste feliz?

Soy de las que creen que en la vida, nada pasa por casualidad; que la gente que conoces, tampoco es por casualidad; que las cosas que decides, menos son por casualidad.

Soy de las que creen que las personas que llegan a mi vida, son para recordarme quién soy, para dejarme un poco de ellas, para dejarles un poco de mí. De las que creen que soy un poco de toda mi familia, por eso amo cada domingo en Alcaraces, cada fiesta familiar.

Soy de las que disfrutan de cada día, aún y con sus momentos tristes, aún sin saber qué va a pasar mañana.

Soy de las que puedo entonces responder esa pregunta, aún retorciéndome en la cama con la gastritis jodiéndome, sí, lo soy, sí, lo he sido. Al final ¿de qué otra cosa se trata esto que se llama vida?

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