La luz y el limón.



Sí, eso de que las cosas pasan por algo, es por algo… Primero, Arturo mi amigo, que me mandó un correo recomendándome la película. Al ver que no era un mensaje personal y para mí, no le hice mucho caso, pero nunca lo borre. Luego, un compañero de trabajo me avisó de una entrevista que tendría con él en una de las estaciones para las que trabajamos y me empezó a contar de todo lo que le implicó conseguirla. Más interesada en él, me puse a investigar un poco y di con la película que me recomendó mi amigo Arturo semanas atrás.

Su nombre es René Mey. Un francés que se describe como humanista, hombre de paz, sin ninguna afiliación política o religiosa (aunque es católico), que llegó a México en 2008 con el mensaje de la “Nueva Inteligencia del Corazón”. Cuenta que es vidente de nacimiento, que tiene la capacidad de ayudar a sanar a la gente que se le acerca (con sus manos y energía) y además, tiene el don de ver y hablar con los ángeles. Con tales antecedentes, surgió mi curiosidad por conocerlo y ver su película.

La película es mexicana. Se llama “HIM Más allá de luz” y está basada en la vida de René Mey y un científico que estudió su cuerpo. Aunque René sólo sale en las escenas de meditación, vale la pena comentar la recomendación que hacen al ir a verla, de levar un limón y frotarlo en nuestras manos por lo siguiente:

René Mey afirma que nuestro cuerpo tiene cristales, como los que alguna vez mostró el japonés Masaru Emoto en el agua. Cuando las personas respiramos, le damos una emoción a las moléculas de oxígeno que los convierten en cristales y cambian la energía de nuestro cuerpo. Lo mismo le ocurre entonces al limón que llevamos a la sala de cine y que al igual que el espectador, recibirá la luz que no es visible a nuestros ojos, pero el cerebro si capta. El limón, al recibir esta “luz” quedará “momificado” por el resto del tiempo, sin marchitarse.

Así es como él quiere hacernos ver que nuestro cuerpo y nuestro cerebro son emocionales; que tenemos en nuestro cerebro partes que no sabemos utilizar; que el muro más grande que tenemos es nuestra mente, al creer que no somos capaces de meditar, orar y amar más allá de los límites que nos ponemos.

Esta fue quizá la parte más agradable de su entrevista, cuando habla del amor, de los actos que hagamos o tengamos para con los demás y que son los únicos que nos ayudarán a sentir realmente el amor y ser mejores. ¡Carajo! Me frustra saber cuán lejos estamos de algo tan simple, qué trabajo nos cuesta dejar el ego, las cosas materiales, las posesiones, las hipocresías; qué trabajo nos cuesta orar, meditar, agradecer y hasta recibir.

Yo lo conocí al tercer día de ver su película. No sé qué de todo hizo que fuera una experiencia agradable. Pero recuerdo la alegría que sentí al tocar sus manos y verlo sonreír, la tranquilidad al simplemente verlo…Acaso por la libertad que dice tener? Acaso por la luz que dice emitir? Qué más da. Sé que no me pasará exactamente lo mismo que al limón, pero algo bueno pasó y está pasando y se ve con mucha luz.

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